Cafeína y diabetes de tipo II: La relación misteriosa

691013Un 80% de la población mundial confiesa que consume algún café diariamente y en el mundo existen más de 220 millones afectados de diabetes de tipo II. Existen datos contradictorios sobre si la cafeína incrementa o reduce el riesgo de sufrir diabetes 2. Por su magnitud de las cifras y repercusiones sobre nuestra salud el tema debería ser investigado cuidadosamente.

CIFRAS
El consumo mundial de café el año 2010 alcanzó los 7 millones de toneladas (unos 120 millones de sacos), es decir, una media de 1 kilo por persona y año. En Europa, en 2010, consumimos 3,1 millones de toneladas. El consumo medio de café en España es de 4 ó 5 kilos por persona al año, y en los países escandinavos se sitúa cerca de los 15 kilos, aunque el café que consumen suele ser más diluido. En orden decreciente, los países del mundo más consumidores de café son: Finlandia (12 kg/persona.año), Noruega (9,9), Islandia (9,0), Dinamarca (8,7), Países Bajos (8,4), Suecia (8,2), Suiza (7,9), Alemania (6,9), Aruba (6,8), Bélgica/Luxemburgo (6,8), Canadá (6,5), etc.

Teniendo en cuenta la baja proporción de la producción y consumo de café descafeinado respecto al normal (un 10%), ello permite establecer que en los países con consumos “normales” de café como es España (unas 3 tazas diarias) ello supone la ingesta diaria por persona de unos 250-300 mg de cafeína.

En cuanto a la diabetes, la de tipo 1 (antiguamente llamada diabetes mellitus dependiente de insulina) se desarrolla cuando el sistema inmune destruye las células beta pancreáticas, el sitio donde se produce la hormona insulina. Por ello, a los afectados hay que suministrarles externamente la insulina que precisan. La diabetes 1 suele suponer un 5% de todas las diabetes diagnosticadas.

La diabetes de tipo 2 es la más frecuente (90-95% de los casos). En ella se produce en el páncreas la insulina, pero los receptores celulares de esta hormona en músculos, hígado o tejido adiposo pierden sensibilidad ante ella y responden con menor eficacia. Por ello la glucosa sanguínea aumenta y el páncreas no puede producir suficiente insulina para superar esa resistencia, con lo que el transporte de la glucosa a las células disminuye. La hiperglicemia producida conlleva múltiples y severas complicaciones médicas. La diabetes tipo 2 se trata con medicamentos y está asociada a la edad, obesidad, vida sedentaria, factores genéticos etc.

La prevalencia de la diabetes es muy variable. Los países con valores más altos (mayor porcentaje de casos en personas de más de 15 años) son: México, Trinidad Tobago (14%), Arabia Saudita, Mauritania, Papua Nueva Guinea y Cuba (12) mientras que en el otro extremo se hallan, Camerún (0,8), Nigeria, Ghana (0,5) y Malí, Gambia y Togo (0,3). En cuanto a áreas geográficas, la mayor incidencia ocurre en América del Norte (9%) y Sudeste asiático (8) y la menor en África Central (1), mientras que Europa occidental ocupa un puesto intermedio (5). En España el porcentaje de personas diabéticas entre 20 y 79 años es un 6%.

CAFEÍNA-DIABETES
El efecto de la ingesta de café sobre la diabetes tipo 2 suele conducir a resultados contrarios según que las correspondientes investigaciones sean de tipo epidemiológico o experimentales. La razón exacta de esta misteriosa divergencia aun es desconocida.

Publicado en la revista LANCET, en el año 2002 apareció el primer estudio epidemiológico al respecto sugiriendo que el consumo alto de café (4-6 o más tazas diarias) en personas no diabéticas hacía que disminuyese en los años siguientes su riesgo de convertirse en diabéticas. La investigación comprendió a 17.111 personas de entre 30 y 60 años y se tuvieron en cuenta factores como índice de masa corporal, actividad corporal o consumo de alcohol. Una revisión realizada en el año 2009 sobre 450.000 pacientes reflejó algo similar y que por cada taza de café consumida diariamente el riesgo de diabetes descendía un 7%. Más intrigante fue que datos parecidos también se obtuvieron en otros estudios realizados con bebedores de cafés descafeinados.

Por el contrario, en las investigaciones experimentales se parte de la base de que la cafeína potencia las respuestas de glucosa e insulina a los hidratos de carbono por lo que exagera la hiperinsulinemia e hiperglicemia en los adultos sanos y en los diabéticos tipo 2. Entre 1968 y 2010 se publicaron unas 17 investigaciones sobre el efecto de la cafeína (200-350 mg) sobre el metabolismo de la glucosa en adultos sanos no diabéticos confirmando que la cafeína provocaba el fenómeno de resistencia a la insulina. Otras investigaciones realizadas sobre pacientes con diabetes 2 también avalaron ese supuesto de partida.

La pregunta es obvia: ¿a qué se debe la disparidad entre las investigaciones epidemiológicas y las experimentales?.

INVESTIGACIÓN
Esta primavera ha aparecido el primer número de una nueva revista científica trimestral titulada JOURNAL OF CAFFEINE RESEARCH, dedicada al tema principal de la relación entre cafeína y salud. El artículo principal de ese primer número se titula (traducido) “Cafeína, Metabolismo de glucosa y Diabetes tipo 2” y en el mismo el profesor Dr. James D. Lane, de la Facultad de Medicina de la Duke University de Durhan, USA, analiza en profundidad todos los detalles del problema y las diferentes investigaciones realizadas apuntando varias posibilidades de explicación a la aparente incongruencia de resultados existentes.

Entre tales posibilidades la que puede parecer más evidente es la de que el café (con cafeína o, incluso, sin ella) contenga otros compuestos que, en realidad, serían los que ejercen el papel favorable protector ante la diabetes de tipo 2. Sin embargo, aún no existe evidencia directa de la existencia y acción de estos hipotéticos productos bioactivos protectores de los procesos patológicos que conducen a la diabetes 2.

Otra posibilidad sería que la ingesta abundante de café no sea la verdadera causa del menor riesgo sino el marcador de otro(s) factor(es) responsable(s). Los consumidores seleccionan por si mismos la cantidad que ingieren de café y los bebedores de 6- o más tazas pudieran tener otra característica que fuese la que realmente rebajase el riesgo. Algunas de ellas se han estudiado y parecen descartadas: índice de masa corporal, fumar, bebidas alcohólicas, actividad física y dietas más o menos saludables. Sin embargo es interesante saber que recientemente el consumo de bebidas azucaradas como refrescos, zumos de frutos, te frio y bebidas energéticas se ha asociado a un riesgo aumentado de diabetes 2. Así, un meta-análisis de las investigaciones de este tipo realizadas sugiere que las personas que diariamente consumen una o dos de ellas muestran un riesgo de sufrir diabetes 2 que es un 26% superior que el de las no consumidoras. Y es de sentido común asociar que los grandes bebedores de café probablemente no sean consumidores de esas bebidas, es decir que el beneficio aparente de consumir café sea simplemente el de evitar las bebidas azucaradas. Evidentemente este razonamiento no es una demostración pero nos sirve para insistir una vez más en la complejidad de interpretación de los fenómenos biológicos, en no extraer conclusiones apresuradas a partir de los datos (siempre estimables) de los estudios epidemiológicos y, sobre todo, para mostrar claramente la necesidad de más investigación seria y rigurosa.

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